viernes, 18 de abril de 2014

LA CRUCIFICCION

DE CÓMO EL PETIRROJO SE GANÓ EL COLOR DE SU PECHO
(Cuento de Selma Lagerlof , premio nobel de literatura 1909)
Era en el tiempo en que Nuestro Señor creó no sólo el cielo y la tierra, sino también todos los animales y plantas, a los cuales dio nombre al mismo tiempo.
De aquella época podrían contarse muchas historias, y si todas se conocieran se nos aclararían muchas cosas del mundo, que ahora no podemos comprender.
Sucedió un día que hallándose Nuestro Señor en el Paraíso, pintando los pájaros, se le agotaron los colores de la paleta, de modo que el jilguero hubiese quedado incoloro de no darse la casualidad de que el buen Dios no había limpiado aún todos sus pinceles.
Fue también entonces cuando Dios dotó al asno de unas largas orejas, por su dificultad en retener su nombre. Lo olvidó apenas hubo dado unos pasos por las vegas del Paraíso, y tres veces viose obligado a volver a preguntar cuál era su nombre. Así es que Dios, un poquito impaciente, lo tomó por ambas orejas, y le dijo:
—Tu nombre es: burro, burro, burro.
Y mientras así hablaba fue estirando las orejas del asno, de modo que éstas fueron creciendo a fin de que oyera mejor y no olvidase lo que se le decía.
El mismo día tuvo que imponer un castigo a la abeja. Apenas fue creada ésta comenzó a acumular miel. Y cuando el hombre y los animales percibieron su aroma delicado acudieron para probarla. Pero la abeja quiso guardarla toda para sí y echaba a todos los que se acercaban al panal, a fuerza de picarles con su venenoso aguijón. Viéndolo Dios, llamó inmediatamente a la abeja para imponerle un castigo.
—Te he dotado de la facultad de acumular miel —dijo Nuestro Señor—, que es el producto más dulce de la creación; pero no te he concedido el derecho de ser dura con tus prójimos. Así, pues, no olvides que toda abeja, que pique a alguien que quiera probar su miel, expiará con la vida la picadura.
Sí; esto sucedió el día en que el grillo se tornó ciego y la hormiga perdió sus alitas. ¡Sucedieron tantas cosas curiosas aquel día!
Dios lo pasó sentado, majestuoso y amable en su trono, crea que te crea, animándolo todo con su hálito, y hacia el fin de la tarde se le ocurrió crear todavía un pequeño pajarillo gris.
—¡Te llamarás petirrojo! —dijo Dios al pajarillo, cuando lo tuvo terminado. Y colocándole sobre la palma de la mano, lo dejó volar.
Y cuando el pajarillo hubo revoloteado durante un rato, contemplando la hermosa tierra donde tenía que vivir, le entraron ganas de contemplarse a sí mismo. Entonces observó que era completamente gris, y su pecho, por consiguiente, del mismo color que el resto de su cuerpo. El petirrojo volvíase y revolvíase mirándose en el agua; pero en vano: ni una sola pluma colorada descubrió en sí mismo. Y el pajarillo volvió presuroso junto a Nuestro Señor.
Dios permanecía sentado, bondadoso y amable, en su trono. De sus manos se desprendían mariposas que revoloteaban en torno a su cabeza, las palomas gorjeaban en sus hombros y en torno suyo brotaban de la tierra rosas, azucenas y margaritas.
El corazón del pajarillo palpitó violentamente, lleno de miedo, pero, trazando airosos círculos, fuese acercando más y más a Dios, hasta que se posó en su mano.
Entonces el Padre celestial inquirió qué deseaba, y el pajarillo contestó:
—Quería preguntarte una cosa.
—¿Qué deseas saber?
—¿Por qué llamarme petirrojo si desde el pico a la punta de la cola soy completamente gris? ¿Por qué llamarme petirrojo si no tengo la menor mancha roja en mi cuerpo?
Y el pajarillo, con sus grandes ojos negros y suplicantes, miró al Señor, moviendo la cabecita de un lado para otro. En torno suyo veía faisanes de purpúreo plumaje salpicado ligeramente de oro, papagayos con tupidas gorgueras rojas, gallos con crestas encamadas, mariposas, peces de colores y rosas que surgían por doquier.
Y pensaba el pajarillo:
—¡Me falta tan poco, siquiera fuese una gotita de color en el pecho para convertirme en un hermoso pájaro y con aspecto adecuado al nombre! ¿Por qué he de llamarme petirrojo si soy completamente gris?
Una vez hubo hablado así, el pajarillo esperó a que el buen Dios le dijera:
—Ay, amiguito, advierto que he olvidado pintar de rojo las plumas de tu pecho; espera, que esto es cosa de un momento.
Pero Nuestro Señor limitóse a sonreír amablemente, y dijo:
—Te he llamado petirrojo, y petirrojo te llamarás, pero tú mismo tienes que proceder a ganarte las plumas rojas del pecho.
Y el buen Dios alzó la mano y nuevamente lo envió al mundo.
El pajarillo voló pensativo por el Paraíso. ¿Cómo iba, un pajarillo tan pequeño como él, a ganarse las plumas encarnadas?
De lo único de que se vio capaz fue de elegir su nido en un zarzal. Entre las espinas del tupido arbusto edificó su nido. Parecía esperar que una hoja de rosa se adhiriera a su cuello y le cediera su color.
Había transcurrido un tiempo infinitamente largo desde aquel día, que fue el más fausto de todos los días de la Tierra. Desde entonces hombres y animales abandonaron el Paraíso, esparciéndose por el mundo. Y los hombres habían adelantado de tal modo que sabían labrar la tierra y navegar por los mares; fabricaban vestidos y objetos de adorno y hacía tiempo que habían aprendido a edificar amplios templos y grandes ciudades como Tebas, Roma y Jerusalén.
Y amaneció un nuevo día que no se olvidará nunca en la historia del mundo. En la mañana de aquel día se hallaba sentado el petirrojo en una colina pelada, en las cercanías de los muros de la ciudad de Jerusalén, divirtiendo con su canto a sus pequeñuelos, que descansaban en su nido entre el bajo matorral.
El petirrojo narraba a sus pequeñuelos lo que había sucedido el día de la creación y les hablaba de la distribución de nombres, como venía contándolo desde entonces cada petirrojo a sus pequeños.
—Ya lo veis —terminó diciendo tristemente—, tantos años transcurridos desde el día de la creación, tantas rosas marchitadas, tantos pajarillos salidos del huevo, tantos, que nadie podría contarlos, y, sin embargo, los petirrojos siguen siendo grises. Todavía no han conseguido ganarse la manchita colorada.
Los pequeñuelos abrieron desmesuradamente sus piquitos y preguntaron si sus antepasados no se habían esforzado en realizar algún hecho heroico para conseguir la conquista del precioso color encarnado.
—Todos hemos hecho lo que hemos podido —cantó el pajarillo—, pero ninguno de nosotros ha tenido éxito alguno.
Apenas el primer petirrojo advirtió a otro pajarillo, que era su fiel retrato, empezó a amarle con todo el ardor que sentía en su pecho.
—¡Ah! —pensó—. Ahora lo comprendo todo. El buen Dios cree que debo amar con tal ardor que la llama amorosa sea capaz de teñir el plumaje de mi pecho. Pero no lo consiguió, como después de él tampoco lo consiguió ninguno ni tampoco vosotros lo conseguiréis.
Los menudos pajarillos gorjearon afligidos, al pensar que jamás el color rojo teñiría las plumitas de su pecho.
—También habíamos confiado en nuestro canto —relató el viejo pajarillo en largos trinos y sostenidos gorjeos.
Ya el primer petirrojo cantaba tan bien, que su pecho se llenaba de entusiasmo y esperanza.
—¡Ah! —pensó—. Las plumas de mi pecho se teñirán por el ardor de mi canto entusiasta.
Pero no lo consiguió, como ninguno lo ha conseguido ni tampoco vosotros lo conseguiréis.
De nuevo fluyó un gorjeo quejumbroso de las pequeñas gargantas medio peladas de los jóvenes pajarillos.
—Confiamos, además, en nuestro atrevimiento y en nuestra valentía —continuó el pájaro—. Ya el primer petirrojo luchó como un valiente con otros pájaros y su pecho ardía de entusiasmo belicoso. Las plumas de su pecho se tiñeron en el ardor de la pelea; pero no lo consiguió después ninguno, ni vosotros lo conseguiréis.
Los pequeñuelos gorjearon llenos de confianza que, a pesar de todo, tratarían de alcanzar el anhelado premio; pero el pájaro les respondió afligido que aquello era imposible. ¿Cómo iban a alcanzarlo, si otros antepasados famosos no habían podido conseguirlo? ¿Qué más podrían hacer ellos que amar, cantar y batallar? ¿Qué iban a...?
El pájaro no acabó su frase, pues por la puerta de Jerusalén se acercaba una multitud hacia la colina donde se hallaba el nido de los pájaros.
Se aproximaban caballeros en briosos corceles, guerreros con largas lanzas, ayudantes del verdugo con clavos y martillos, sacerdotes y jueces avanzaban con paso solemne, mujeres que sollozaban y, tras todos ellos, una masa de pueblo bajo y salvaje, de vagabundos repugnantes que bailaban y chillaban.
El pajarillo gris hallábase, tímido, al borde de su nido. A cada momento temía que aplastaran el débil zarzal en que se refugiaba y que mataran a sus pequeñuelos.
—Tened cuidado —gorjeó para prevenir a los inermes pajarillos—. Apretaos unos contra otros y no rechistéis. ¡Cuidado, que viene un caballo que va a pasar por encima de nosotros! Allí llega un soldado con sandalias claveteadas. Por allá avanza toda la horda salvaje.
De pronto, el pajarillo detuvo sus exclamaciones, quedóse mudo e inmóvil, olvidando casi el peligro en qué se hallaban y, finalmente, metióse en el nido y extendió las alitas sobre los pequeñuelos..
—¡No, eso es demasiado terrible! —gorjeó—. Quiero evitaros esa visión. Allí van a ser crucificados tres malhechores. Y extendió sus alitas para que los pequeñuelos no pudieran verlo. Sólo percibieron atronadores martillazos, lamentos y el barullo del populacho furibundo.
El petirrojo siguió con la vista el horrible espectáculo, y sus ojillos se dilataron por el espanto. No podía apartar su vista de los tres desdichados.
—¡Cuán crueles son los hombres! —gorjeó al cabo de un rato—. No les basta clavar en la cruz a esos tres seres, sino que, además, le han puesto a uno de ellos corona de espinas. Veo claramente manar sangre de su frente, herida por la corona. Y ese hombre es tan bello y mira tan dulcemente, que todo el mundo debiera amarle. A la vista de sus martirios parece que me traspasan el corazón con una flecha.
La pena del pajarillo por el ajusticiado que llevaba la corona de espinas fue creciendo por momentos.
—Si yo fuera hermano del águila —pensó— arrancaría los clavos que perforan sus manos y con mis fuertes garras ahuyentaría a todos sus verdugos.
El petirrojo vio cómo la sangre goteaba de la frente del crucificado, y no pudo permanecer más tiempo quieto.
—Aunque soy pequeño y débil, es preciso que haga algo por ese pobre mártir —gorjeó para sí.
Y abandonó su nido y voló por los aires. Trazando amplios círculos dio varias vueltas en torno al crucificado sin acercarse a él, pues era un pájaro tan tímido que nunca había osado aproximarse a las personas. Pero, poco a poco, fue tomando ánimos hasta llegar a la cruz y con su menudo piquito sacó una de las espinas de la frente del crucificado.
Y mientras esto hacía, salpicó una gota de sangre el pecho del pajarillo, tiñendo de color rojo el delicado plumaje de su garganta.
Y el crucificado abrió los labios y susurró al pajarillo:
—En premio a tu piedad has merecido lo que toda tu estirpe viene anhelando desde el día de la creación.
Cuando el pajarillo volvió a su nido, le gorjearon sus pequeños:
—¡Tu pecho es rojo, las plumas de tu garganta son más rojas que las rosas!
—Esto no es más que una gota de sangre de la frente de ese desgraciado. Desaparecerá en cuanto me bañe en un arroyuelo o en una fuente —gorjeó el pajarillo por toda respuesta.
Pero por más que el pajarillo sumergióse en el agua, el color no se borró de su pecho, y cuando crecieron sus pequeñuelos, brilló la mancha, roja como la sangre, en las plumitas de sus pechos, tal como brilla aún hoy día en el pecho de todo petirrojo.( Escrito por Selma Legelöf en 1909)

domingo, 13 de abril de 2014

Y AHORA JOSE?

José :   De Carlos Drumond de Andrade, poeta brasileño (Esperamos que Ochoa no lo censure Post-Morten)


E agora, José?
 A festa acabou,
 a luz apagou,
 o povo sumiu,
 a noite esfriou,
 e agora, José?
 e agora, você?
 você que é sem nome,
 que zomba dos outros,
 você que faz versos,
 que ama, protesta?
 e agora, José?

Está sem mulher,
 está sem discurso,
 está sem carinho,
 já não pode beber,
 já não pode fumar,
 cuspir já não pode,
 a noite esfriou,
 o dia não veio,
 o bonde não veio,
 o riso não veio,
 não veio a utopia
 e tudo acabou
 e tudo fugiu
 e tudo mofou,
 e agora, José?

E agora, José?
 Sua doce palavra,
 seu instante de febre,
 sua gula e jejum,
 sua biblioteca,
 sua lavra de ouro,
 seu terno de vidro,
 sua incoerência,
 seu ódio - e agora?

Com a chave na mão
 quer abrir a porta,
 não existe porta;
 quer morrer no mar,
 mas o mar secou;
 quer ir para Minas,
 Minas não há mais.
 José, e agora?

Se você gritasse,
 se você gemesse,
 se você tocasse
 a valsa vienense,
 se você dormisse,
 se você cansasse,
 se você morresse...
 Mas você não morre,
 você é duro, José!

Sozinho no escuro
 qual bicho-do-mato,
 sem teogonia,
 sem parede nua
 para se encostar,
 sem cavalo preto
 que fuja a galope,
 você marcha, José!
 José, para onde?

jueves, 10 de abril de 2014

ACOSO

Ahora la víctima era Diego Oquendo.
El muy poco eficiente y menos aun honorable
Mauro Andino, el lacayo bovino,
no entendió que para que exista linchamiento (Ley de Lynch)
se necesita una turba que cometa homicidio contra una víctima
sin el debido proceso.
Hacer justicia por mano propia.
En su afán servil,
y olvidando el pasado de Sandra Correa, su comprobado plagio,
y su juicio por el negociado de "la Mochila Escolar",
en la época de Abdalá Bucaram,
de resultado no conocido,
dió para que el otro lacayo,
rey de la mediocridad, Carlos Ochoa,
(Ya le vamos a mandar a Salvador Quishpe),
intente castigar a Oquendo,
por haber desmentido éste al mentiroso  insultador de los sábados,
quien ahora se endeuda con sus abominados y neoliberales enemigos,
del Banco Mundial,
a cuya representante expulsó descortesmente del país, como matón de barrio,
tal su inamovible coherencia,
por linchar mediáticamente a  Sandra Correa.
¿Dónde está la turba y donde está el cadaver?.
Esto sucedió antes de crear al monstruo que silencia (o lo pretende )
a la conciencia disidente.
La Ley no es retroactiva.
No lo pueden juzgar ni castigar.
Haya paciencia.

miércoles, 2 de abril de 2014

GRACIAS A VENEZUELA

Ahora que todo el mundo hecha pestes sobre Venezuela, su circunstancia, su gobierno, su nuevoriquismo,

nadie considera lo que Venezuela le regala al mundo.

No saben que aporta con el 10 % del Ozono para la capa protectora de la Tierra con los silenciosos, distan

tes y luminosos relámpagos de Catatumbo, en el lago de Maracaibo.

Que genera tres millones diarios de barriles de energía de combustible fósil.

Que nos da una cordillera de hierro y aluminio. Que brinda la límpida energía de la hidroelectricidad del

soberbio Orinoco, tan sólo con uno de sus tributarios, El Caroní, cerca del Delta Amacuro.

Que nos regala la Gran Sabana. Que nos muestra sus misteriosos y majestuosos tepuyes , de donde mana

el increíbe Salto del Angel de más de un kilómetro de caída plateada, que brota bíblicamente de una roca.

Que nos ofrece sus llanos y sus llaneros, sus caballos viejos y sus potrancas inquietas.

La alegría ruidosa y desprendida de su gente. Cuna de nuestros Libertadores.

La música joven de Dudamel. El Avila que nos permite ver el mar desde más de mil metros de altura.

Del arpa y el cuatro del Joropo. De Simón Díaz.

De Francisco de Miranda a Miguel Otero Silva. De la revolución de Rajatabla.

De Simón Bolivar. Del Pico Espejo. De los Andes, del Vigia.

De las blancas arenas de los cayos de San Juan de los Cayos. De María Lionza..De los  médanos de Coro.

De la arena rosada de Canaima con su catarata dorada. De las Islas de Nueva Esparta.

A veces la coyuntura nos entretiene. Y el bosque no nos deja ver los árboles.

Gracias, Venezuela. Y que tire la primera piedra aquel que  tenga su historia libre de pecados.




lunes, 31 de marzo de 2014

CINCUENTENARIO DEL DIA DE LAS "BROMAS"

Hace 50 años, un día como hoy, en la noche, comenzaban a movilizarse las tropas golpistas de línea dura
desde Minas Gerais hacia Río de Janeiro, para derrocar al presidente Joao Goulart, elegido democrática-
mente por votación en Brasil, como vicepresidente de Janio Quadros, quien había sido derrocado en el 61. "Las Fuerzas Obscuras", gobernadores como Barros en Sao Paulo  y Carlos Lacerda , de Guanabara ( Río
de Janeiro), entre otros. Terratenientes, empresarios, financistas, militares, como el jefe de Sao Paulo, Kruel,
quien llamó a "Jango" y le pidió que destituyera a sus colaboradores "comunistas" para no tumbarlo, a lo que
el Presidente le contestó "No me falte el respeto. Salga a las calles y traicióneme frontalmente. Aliviado, el Almirante Castelo Branco se unió y habría de ser él, "Moderado" , quien fuera ungido el primero de abril,
día de los inocentes, "Tontos de Abril" en EEUU, el 15 de ese mes como el primero de los dictadores.
Por si acaso los USA Army, vigilaban la maniobra desde el Atlántico, para intervenir en caso necesario.
Se impedía la presencia de otra Cuba, URSS o China, según el "Mundo Libre".
Los moderados fueron desenmacarándose y comenzó una persecución, con retiro de derchos de libertad, en nombre de la libertad, inclusive a los golpistas Lacerda y Barros, entre otros.
Jango se asiló en Uruguay, hasta que Perón lo convidó a Argentina el 73, para evitar a Bordaberry y el condor lo persiguió hasta envenenarlo el 76 con la Triple A, con Videla de dictador.
Lo demás, excesos de robo, persecuciones y tortures. Muerte en nombre del Orden y el Progreso.
En 1985 reapareció la democracia.
Cuando el golpe yo tenía 9 años. Y estaba e Brasil el 85. Soy testigo. Me está pasando el tiempo.
Es la historia de Caín , que sigue matando a Abel (La sentencia es de Borges).




domingo, 23 de marzo de 2014

LA PIEDRA SE DESMORONA

Y el calicanto falsea,
a pesar de la propaganda,
y del auge de este Reich,
no hay poder que dure tanto,
por más constante que sea.

Las grietas se abren,
con el cúmulo de los errores.
no soporta el suelo,
tanta carga, tanto yerro.

Se fueron abriendo muchos frentes,
se persiguió a todos los disidente.
Se tomaron por asalto,
los poderes del Estado.
El poder unívoco,
no se cansó de insultar en cada sabatina,
donde en vez de rendir cuentas,
se hacía proselitismo,
y bastante mediocre.

Los crujidos rompieron,
por fin los largos silencios, del miedo al tirano y sus abusos.
Lo de la caricatura, caricaturizó el poder,
las peleas intestinas crecieron,
como crece la avaricia de un tsunami.

La Inseguridad Social se perdió ,
entre revistas de Condorito,
burocracia densa
y servicios paupérrimos,
pasos en falso.

La joven y prometedora nos mandó
a comer mierda,
sin motivo, y a todos.
La indecisión de tomar medidas necesarias,
en la polítitica de los subsidios,
no encontró el coraje necesario.
Todo lo que sube, tiene que bajar.
y mientras más alto el vuelo,
más dura la caída.

viernes, 21 de marzo de 2014

21 DE MARZO

En Sao Paulo , año de 1960, nacía en el seno de de una familia con muchas riquezas materiales y de tra-

dición, el niño que se convertiría en "El mago" en las carreras de automóviles. Un superdotado, que en

una época donde todavía la pericia del piloto era por lo menos tan importante como los recursos tecno-

lógicos y el desarrollo de las máquinas. Palanca con cambios manuales. Sin telemetría. O siendo  esta

de menor trascendencia.

Este genio comenzó con el Karting. Un amigo mío, tuvo la suerte de verlo y fotografiarlo en su adolescencia

con su go-kart tomando una curva tan rápido que se levantaban del suelo las dos llantas internas, y mien-

tras maniobraba con una mano, con la otra cubría el escape para darle más velocidad.

Fue destacándose en todas las categorías, prototipos, fórmulas 3000, 2 , hasta llegar a la fórmula uno, don-

de nadie podrá olvidar la hazaña en el circuito intrincado y urbano de Montecarlo, donde la destreza del pi-

loto cobaba mucho más importancia que las prestaciones del vehículo, y con su modesto Tolemann, ba-

tía, aunque le escamotearan el triunfo, a otro maestro, Alain Prost. Se conducía en las callejuelas ane-

gadas como Moisés con el Mar Rojo abriéndose en dos ante su paso. Lo demás fue un delirio.

Con 65 posiciones de polo en 161 carreras, 41 victorías,  610 puntos y 3 campeonatos mundiales. y 2982

vueltas liderando las competencias, impresionante palmarés.

Hombre retraído, meditabundo, casi como un manolete del automovolismo, perfeccionista, audaz,

agresivo y valiente, tenía el problema de los grandes campeones. El segundo puesto era el primero de

los perdedores.

El 29 de abril del 94 en el circuito de Imola "Dino y Enzo Ferrari" vió angustiado el golpe grave de Ru-

bens Baricchello, y al del austríaco Ratzemberger ,que le costó la vida, en la práctica oficial del sábado 30.

Flotaba lúgubre en el ambiente, una codicia de la muerte.

Presionado salió de la "Pole Position " Senna ese primero de Mayo. Su barra de la dirección , soldada

por petición de Ayrton se rompió el séptima vuelta y se choco de frente contra el muro de concreto a

más de 300 Km por hora con tal mala suerte que que la llanta y su brazo de suspensión volaron, gol-

peando éste último la parte superior del casco que no absorvió el impacto y destrozó su encéfalo muriendo

en el acto.

Se fingió una atención médica y trasladaron el cadaver en un helicóptero cuando debía suspenderse la

carreara. Mucho dinero de por medio.

El llamado a ser el sucesor de Fangio, murió en su ley.

La fórmula 1 nunca volvió a ser la última, como fue la última vida que cobró.

Hoy hubiese cumplido 54 años, pero pasó a eternidad de la memoria a los 34.