Narciso vióse reflejado en el espejo
que formaba el agua que caía en la fuente,
y se enamoró de ese reflejo
y se solazaba desde un puente
al verse tan joven, bello y fuerte
pues se veía joven y no viejo
y se embelezó de tal suerte
que perdido, y sin reacción y sin reflejo
se precipitó al agua y a la muerte
Fue tal el sufrimiento de su madre,
que alguna diosa del olimpo
para consolarla dejó crecer en ese sitio,
una flor blanca, y la llamó narciso.
