Un niño de 5 años, deja caer accidentalmente, una botella de cristal de Orangine sobre los graderíos de cemento del estadio del Ejido, o del Arbolito. La botella choca, salta y se fragmenta en pedazos. El niño llora. Su padre lo consuela, le explica que es un accidente, y que no tiene importancia.
El niño sigue llorando. Tal vez por miedo, o por verguenza. Nunca había sido castigado con violencia o maltratado.
Sin embargo llora.
Ese niño era yo.
Es mi primera noción de sentir culpa.
La culpa, muy católica, es un sentimiento negativo y que entorpece en vez de permitir aprender de un error, o de enmendar. Es el miedo.
Tal vez lo más sano es sentir responsabilidad.

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