viernes, 2 de noviembre de 2012

LOS PROTOCOLOS DE LA MUERTE

Hoy se conmemora el día de los difuntos.

Arraigado a la cultura popular ese sentimiento es una especie de recuerdo, conciencia, fiesta,

celebración, tristeza, ritual, porque asi está arraigada la muerte a la vida. Como un matrimonio indisoluble,

 como una continuación , como una situación de causa y efecto.

Una vez escuché a Facundo Cabral decir que era extraño el ser humano: " No pide nacer,

no sabe vivir, y no quiere morirse". Así decía.

Poetas mayores piensan y escriben mucho entorno a este hecho inexorable. La muerte no tiene

intermitencias.

Jorge Manrique filosofa en  las "Coplas a la muerte de mi padre":

Recuerde el alma dormida,

avive el seso y despierte,

contemplando,

como se pasa la vida,

como se llega la muerte ,

tan callando.

O Jorge Luis Borges que no puede ser más claro en estos cuartetos:

Manuel Flores va a morir,

eso es moneda corriente,

morir es una costumbre,

que sabe tener la gente.

Y sin embargo me duele ,

decirle adiós a la vida,

esa cosa tan de siempre ,

tan dulce, tan conocida.

Y no hay vuelva luego, aunque el mismo Borges se pregunte:

Donde estarán? Pregunta la elegía,

de quienes ya no son como si hubiera ,

una región en que el ayer pudiera,

ser el hoy, el aun ,el todavía.

Pues esa región no existe, como el propio Borges lo admite, dándole un sesgo exorcisante:

Muerte, es vida vivida,

Vida es muerte que viene.

Más allá de la fe que uno pueda tener en otra vida después esta, en la reencarnación

en la transmigración, con perfecto derecho, es eso , fe. Y para tener fe hay que creer.

Es interesante la frase que dice Jesús en la ópera Jesucristo Supereestrella : Para conquistar,

la muerte, tan sólo hay que morir.

sábado, 20 de octubre de 2012

TU PITARÁS

Este era un señor de clase media media, que trabajaba más como un funcionario de carrera, que como un burócrata habituado. De mandos medios, centrado y tranquilo.

Ni rico ni pobre, no le sobraba ni le faltaba nada.

Un día ,cosa inusual, le mandaron al exterior por una tarea del trabajo.

Tenía seis hijos. Gran revuelo en la casa, noveleros y entusiasmados, por el dichoso viaje, cosa que el tomaba en cambio, más como otra responsibilidad de la oficina, y no como de placer o de turismo.

Cuando se disponía a salir al campo de aviación, reunió a sus hijos, los puso en una linea , y les preguntó que quería, que les trajese.(En esa época , no se llamaba aeropuerto)

El mayor , pidió un tren eléctrico. La segunda una gran casa de muñecas, el tercero una bicicleta, el cuarto una filmadora de 8 milímetros y la quinta,  que compartía los gustos de su hermano, un proyector y una pantalla.

El padre tomaba nota en una libretita. Cuando le tocó al más chico de sus niños. Le dijo: y tu, que quieres que te traiga?. El niño le miró y le dijo: Un pito.

Los abrazó a todos uno por uno, y se despidió cariñosamente de su esposa, pues ya afuera le esperaba el carro de plaza (entonces no se llamaban taxis).

Abrazó nuevamente a cada uno de sus hijos, y cuando abrazó al menor, le dijo, en tono tranquilo,
"Tú pitarás."


sábado, 6 de octubre de 2012

A DONDE VAN LOS PASTORES?

Es un sábado gris en Quito. El cordonazo de San Francisco mandó sus heraldos hechos de granizo, el 3 de Octubre. Con un día de anticipación. Comenzó la época de lluvias, de frío, que aqui podríamos bautizarlo como el invierno tórrido , por la latitud en que se asentó nuestro país.
Los agricultores sonreirán , la tierra beberá y verá fertilizarse el humus. Se aliviarán los optimistas y se angustiarán los pesimistas pensando que se avecinan diluvios, inundaciones y deslaves.
El mundo seguirá girando rutinariamente...

Pero ha estallado el parto del comercio en tsunamis, los correos electrónicos con irresistibles tentaciones de consumo invadirán la red hasta saturarla, las tarjetas de crédito ofertarán sus gangas
con adornos de millas de viaje, para viajar para consumir afuera, las millas se devaluarán a kilómetros, dependiendo del brillo de dichas tarjetas, ora plateadas, ora doradas, ora platinadas.

El círculo que rodea los centros comerciales se dilatará amenazante, castigándonos con un asfixiante tráfico vehicular. los taxis se tornarán escasos por el fenómeno híbrido de la lluvia y del desaforado afán de llegar primero a los locales comerciales, de los atestados "shoping centers".
los chicos andarán con zapatos de calle, con agujeros en las suelas de tanto jugar fútbol en las canchas de cemento, hasta llegar a sus casas con las medias empapadas, sin que les moleste o les importe, dada la envidiable resistencia de su juventud lozana.


Es que ha comenzado el largo y tedioso parto , desnaturalizado por los mercaderes que invaden los templos, de un niño , que dicen, nació un 25 de Diciembre, hacen ahora 2012 años. (No hay prueba que demuestre la veracidad de la fecha)  en Belén, en un pesebre , vino a la vida para redimir a los hombres con su propia inmolación a los 33 años de edad, para que los hombres se espiritualizen y se solidarizen más, y cosuman menos. No solamente que aró en el mar y sembró en el viento, sino que se apropiaron de esa fecha para fomentar una conducta desbocada, de lo que él quería impedir.

En algunos países como España, los regalos se los traían a los niños los reyes magos, en algún país nórdico, fue San Nicolás a principios de Diciembre. Mas, aqui nos adherimos a un impostor con nariz de cervezero, que vino de los Estados Unidos de América, apodado de Santa Clauss, o coloquialmente conocido como Santa.


La leyenda dice que apenas ,unos humildes pastores, fueron los testigos del nacimiento del "hijo de Dios" hecho hombre. En Enero, cuando la navidad se acabe, y en la resaca innumerable que nos deja Diciembre, y comienzan a llegar las cuentas por cobrar, me quedo pensando a dode se fueron los pastores, a quienes ya no veo.

jueves, 27 de septiembre de 2012

SUEÑOS QUE TUVE CUANDO LEI EL ETNOGRAFO

Cuando leí por primera

vez "El Etnógrafo" de Borges en 1973 , soñé con esto.

Cuando lo releí por enésima vez en 1991 , soñé con esto, pero soñé en una lengua que no era la

mía.

MUJERES : DE SILVIO RODRIGUEZ


Mujeres

(Silvio Rodríguez)
Me estremeció la mujer que empinaba a sus hijos
hacia la estrella de aquella otra madre mayor.
Y cómo los recogía del polvo teñidos
para enterrarlos debajo de su corazón.

Me estremeció la mujer del poeta, el caudillo,
siempre a la sombra y llenando un espacio vital.
Me estremeció la mujer que incendiaba los trillos
de la melena invencible de aquel alemán.

Me estremeció la muchacha
hija de aquel feroz continente,
que se marchó de su casa
para otra de toda la gente.

Me han estremecido un montón de mujeres,
mujeres de fuego, mujeres de nieve.

Pero lo que me ha estremecido
hasta perder casi el sentido,
lo que a mi más me ha estremecido
son tus ojitos, mi hija,
son tus ojitos divinos.

Me estremeció la mujer que parió once hijos
en el tiempo de la harina y un quilo de pan
y los miró endurecerse mascando carijos.
Me estremeció porque era mi abuela además.

Me estremecieron mujeres
que la historia anotó entre laureles.
Y otras desconocidas, gigantes,
que no hay libro que las aguante.

EDUARDO LARREA S: AGORERO O VISIONARIO?

Este artículo fue publicado en el diario "El Tiempo" de Quito, el 19 de Febrero de 1972 Casi 28 años antes  de la dolarización. Cualquier semejanza con lo que sigue pasando en nuestra economía, NO es una coincidencia, ni FICCION.



ECO DE UNA LEYENDA
Una de las leyendas más populares y reveladoras del espíritu y las costumbres de la Colonia es la del Padre Almeida. Este fraile bajaba de su convento todas las noches por los brazos de un Cristo para evadir su prisión religiosa y dejarse morder por las flaquezas de la carne y las ansiedades de su juventud. Regresaba por los mismos brazos de Jesús Crucificado desde el atrio de San Francisco a la ventanilla de su celda. Cuando se evadía, el Cristo le preguntaba: "¿Hasta cuándo, Padre AI­meida?", y el fraile respondía: "Hasta la vuelta, Señor". Cada noche se repetía esta evasión llena de devaneos y aventuras, hasta cuando una de aquellas noches en que el fraile regresaba a su convento, se sor­prendió con la procesión de un entierro. Cuando el fraile averiguó quién era el muerto, le informaron que era el Padre Almeida. Sorpren­dido, avergonzado y aturdido por el acontecimiento, el fraile se llenó de contricción, arrepentimiento y piedad consigo mismo y no repitió sus aventuras.
Esta leyenda parece convertirse en realidad cuando se mira la li­beralidad y la aventura fiscal. Mil millones de sucres de déficit de este año; deuda pública que tiene que pagarse con fondos del Central; más de mil millones de evidente desequilibrio en el año próximo; présta­mos y contratos, obras y programas. Como si esto fuera poco, se con­solidan las deudas del Banco de Fomento, se obliga al Banco Central que adquiera las acciones de la Grancolombiana y que le anticipe al Banco de Fomento 270 millones más de sucres.
Esta danza de los millones en momentos en que nadie duda que estamos en un proceso inflacionario sin precedentes en nuestra historia monetaria hace pensar que todos los días, todos los meses, todo el tiempo, el país pregunta: ¿Hasta cuándo se va a mantener esta política inflacionaria?


La respuesta no se hace esperar. Nuevos aumentos de medio circulante, nuevos procesos acumulativos en una inflación que empieza su ritmo galopante.
Hasta cuando un día veamos pasar el féretro de nuestro Sucre, tras una procesión desesperada de hambre y de miseria, porque a cada ciudadano le han recortado el poder adquisitivo de su moneda, le han decapitado su ingreso con el impuesto más injusto y regresivo, el de la desvalorización de la moneda.
En Chile enterraron el peso; en Brasil el reis y el milreis, para poner en su lugar al escudo y al cruzeiro. Nosotros tendremos que enterrar al sucre para poner en su lugar una utopía.
Porque utopía es creer que la emisión de billetes está justificada, porque se destinará a la producción agrícola o a la construcción de puentes y carreteras. Más de una vez se ha dicho, y la historia del mundo lo ha comprobado en más de dos mil años, que con moneda emitida simplemente no se fabrica el progreso. Aun cuando se abusó del oro venido de las colonias, España sucumbió ante la inflación y su edad de oro se derrumbó como castillo de naipes. Mucho más cuando esa emisión se hace no en oro, sino en papel y en cuentas bancarias. Los que obtienen créditos para la agricultura, o construyen puentes y caminos no se quedan con ese dinero: compran semillas o sementales, pagan salarios y adquieren cemento. Y ese dinero se pone a circular, va a los bancos, éstos prestan, las gentes aumentan sus importaciones y su demanda de bienes nacionales. Esta demanda hace subir los precios. Esto se refleja en más altos precios de todos los artículos, en más ilusorios ingresos nominales, en más depósitos, en más demanda de crédito, en mayor circulación. Hasta cuando el fomento agrícola se ha producido como diez y hasta cuando los puentes y caminos aumenten la riqueza nacional como diez, la demanda, los costos, los precios, la circulación, etc. se han multiplicado como ciento y el poder adquisitivo ha bajado en la proporción de esos noventa, que es la diferencia entre bienes y servicios ofrecidos y capacidad de la demanda.
Cierto que este proceso no es tan matemático ni tan simple como pintan estas líneas. Pero de todos modos, los resultados son incuestionables. Se acumula el proceso de inflación. Mientras más dinero hay, la gente vive quejándose de asfixia y exige más dinero y los precios suben más y más. Los salarios y los ingresos de un 90% de la población solo suben retardadamente; los poseedores de bienes reales ven subir el valor de sus fortunas y la pirámide de la injusticia social se incrementa y agudiza.


Estamos en la transición a un nuevo gobierno. Quien quiera que sea verá ante sus ojos la incapacidad de frenar esta inflación y, si con dura firmeza lo hace, el país tendrá que soportar sacrificios que no se imaginó jamás.
El eco de la leyenda quiteña del Padre Almeida se empieza a tornar en realidad. ¿Hasta cuándo esta inflación? Hasta la vuelta, Señor. Hasta cuando veamos la procesión de nuestro propio entierro en una noche de sombras.