viernes, 14 de septiembre de 2012

DANZANTIGUA

Del mismo barro
El monótono mono tono
del danzante 
cobrizo callado de los Andes, 
parece repetir 
su infinito paso lento, 
con pases igualados, 
con compases repetidos, 
andando por un camino interminable, 
sin pasado ni futuro, 
sin remordimiento ni esperanza, 
sin tristeza, ni alegria, 
razgado el silencio por 
la fría y filosa navaja 
del viento.
Cantado por los notas altas 
de una guitarra, 
que como 'viento de páramo 
rompe el silencio, lo desgarra, 
dejando intacta en la agigantada sombra 
de la tarde, 
la figura encorvada, ensimismada 
y casi inmóvil del danzante
atrapado en un tiempo detenido
y trashumando un sendero infinito
de espacio inexistente.



domingo, 9 de septiembre de 2012

A MIS HIJOS


De Francisco Luis Bernardez, en su libro "Poemas de carne y hueso" escrita en 1943.
El hijo
Ya soy feliz, ya tengo un hijo, ya no estoy solo por completo en este mundo.
Ya existe un ser que me acompaña, ya tengo un sitio asegurado en el futuro.
Cuando mi vida estaba sola, todo era en ella indefinido y vagabundo.



El universo era de arena; los días eran como el viento y como el humo.
Desde que estoy acompañado, todo se vuelve más preciso y más seguro.
y entre las cosas recobradas tengo descanso, tengo sombra y tengo rumbo.
Vivo en la tierra como el árbol; tengo cimientos en la tierra como el muro.
y estoy fundado en esta vida con todo el peso de la frente y de los puños.
Mi corazón estaba seco, mi corazón en este yermo estaba mustio.
Pero por fin ha retoñado, y en este yermo ha dado flor y ha dado fruto.
Al florecer y al dar su fruto de bendición, mi corazón mira y se asombra.
No sé si el mundo es el de siempre, pero lo cierto es que lo veo en otra forma.
Todo es más bello y más profundo, todo es más vivo y más perfecto que hasta ahora.
Todo conmueve con más fuerza, todo se imprime con más fuerza en la memoria.

Los elementos renovados están sujetos dulcemente a nuevas normas.
El agua es limpia, el fuego dócil, el aire diáfano y la tierra luminosa.
Todos los seres son tan míos que no los puedo distinguir de mi persona.
Desde el gusano hasta la estrella, desde la piedra que no siente hasta la rosa.
El universo recupera su voz de niño y su mirada candorosa. Con todo el ser en los sentidos, yo estoy pendiente de sus ojos y su boca.
Desde que soy padre de un hijo, vivo en la tierra con el alma y con el cuerpo.
y en este mundo de los hombres ya tengo parte, ya no soy un forastero.
Siento que todas mis raíces están hundidas como garras en el suelo.
y que del centro de la tierra sube a mis labios un temblor de sangre y fuego.
Abro los ojos y descubro que ya no hay ser con quien no tenga parentesco.
Hasta los hombres más lejanos son mis hermanos en la carne y en los huesos
Veo mi huella en cada huella y oigo el latido de mi pecho en cada pecho. 
Ya no me siento desterrado, ya no contemplo el universo desde lejos. 
Ahora vivo en este mundo, y en este mundo soy feliz y estoy despierto.  
Siento algo así como si el alma y el corazón hubieran dado un hondo grito. 
y en ese grito me arrancaran lo más perfecto y lo más puro de mí mismo. 
Un sol que no es el de este mundo llena mi ser con su calor desconocido. 
y con su luz maravillosa me alumbra el alma, el corazón y los sentidos. 
Ya estoy seguro para siempre contra la fuerza silenciosa del olvido.  
Porque ya tengo un eco eterno, porque ya tengo para siempre un eco vivo. 
Ya ni la muerte poderosa tendrá poder sobre mi nombre y mi apellido. 
Porque este río que hoy empieza los llevará con emoción de siglo en siglo. 
Eco de carne de mi carne, que ha de rodar como una piedra en el abismo. 
Río de sangre de mi sangre, que ha de correr por este mundo como un río.  
Desde que soy padre de un hijo, vivo escuchando los lejanos corazones. 
Y adivinando los gemidos de los que sufren más allá del horizonte. 
Ninguna queja se me oculta, ninguna lágrima furtiva se me esconde. 
Estoy atento a las miradas, a los latidos, a los gestos y a las voces. 
Comunicado con el mundo, siento sus penas y comparto sus dolores.  
Y un gran deseo de profunda fraternidad me llena el pecho hasta los bordes. 
Quiero que todos en la tierra sean felices como yo, que nadie llore. 
Quiero que cesen las querellas y que haya paz y comprensión entre los hombres. 
Que hasta las puertas más hostiles giren un día con amor sobre 

sus goznes.
Y que el amor entre por ellas, y que la vida verdadera empiece

entonces. 



jueves, 30 de agosto de 2012

MEDARDO ANGEL SILVA

Unas pequeñas muestras del talento poético de este romántico joven guayaquileño cuya vida se truncó tempranísimamente, dejándonos la sensación frustrante  de todo lo que pudo haber sido y no fue.


Se va con algo mío,

la tarde que se aleja,

mi dolor de vivir,

es un dolor de amar,

y al son de la garúa ,

en la antigua calleja,

me invade un infinito

deseo de llorar.


Otra muestra en que dibuja, desde las letras , desde la galería del teatro de Guayaquil, al ver danzar
a Ana Pablova , con una descripción artística de la delicada y deliciosa dinámica de la balletista, fundiendo la poesía y el dibujo en forma sublime:

Dance D'a Anitre:

Va ligera, va pálida , va fina,

cual si una alada esencia poseyere.

Dios mío, esta adorable danzarina,

se va a morir, se va a morir, se muere.


Mi admiración por este genio de tan corta vida

miércoles, 22 de agosto de 2012

1975

Hace más de 36 años, esbozé los retratos de mis amigos de entonces, de hoy y de siempre : Edgar Crespo, Genaro Cuesta y Renato Ortega. Seguimos igualitos.Creo y siento.

MI VIAJE A GRECIA



16 de Noviembre del 2009-12-01

Grecia es una maravilla. Al menos a mediados del Otoño. Su clima cálido, algo más que en Quito, y seco, contrasta con el desenfado de su gente y las pequeñas calles que desordenadamente se dibujan sombreadas por árboles frondosos e interminables y zigzagueantes laberintos la recorren desordenadamente.
Los griegos son grandes, aunque también hay griegos pequeños grandes. En fin todos son grandes más que gordos, robustos, más que redondos, cuadrados, empacados, de buen talante y alegres, aunque sus enormes ojos y negros aparentan tristeza en la mirada. Son muy amables y hospitalarios. No tienen edificios altos, no corren ni a pie, ni en automóvil. Y aunque no son lentos, van despacio. Colimari, colinipta ne, ouf, Berifare, calapago, son algunas de las palabras que acompañan su sonrisa limpia de habituales fumadores. Parafraseando a Machado, diría que no conocen la prisa, ni aún en los días de fiesta. Más que una decadente nostalgia, es una sabía y desprendida y esplendida serenidad la que flota en le ambiente.

El cielo es límpido y el halo de la ciudad cristalino. El Egeo es un insinuante e inquietamente invitador.
El suelo verde, esmeralda, contrasta con ajedrezadas áreas peladas que parecen incrustaciones aleatorias de mármol. Huele a música y un barril de danza festiva parece estar a punto de explotar en cualquier momento.
Aunque la gente va en contravía, estaciona su carro donde le da la gana escupe en la calle y tose sin cubrirse la boca, es muy cordial y educada. No desprecia a nadie y son muy llanos, sencillos y respetables y aunque no conquistaron a nadie imperialmente, derramaron mucha sangre en guerras en las cuales el amor era la empresa y detuvieron el paso implacable de los persas, sus mujeres son bellísimas, altísimas y delgadísimas y su cabello ensortijado se convierte en una enredadera en sus longilíneos cuellos. Sus miradas tenues y nostálgicas ferozmente obscuras explican el porque de las guerras.
y sus aventuras y aventuranzas me hacen pensar que su pasado es historia verdadera y los mitos son reales.
16 de noviembre a las l8:40 dejando Grecia, mirándola desde la ventanilla del avión y ya extrañándola.

Eduardo Larrea M.

sábado, 18 de agosto de 2012

FUEGO

Que linda la madrugada ,

con ese sol puro fuego,

cuando se haga llamaradada,

alumbrará al mundo entero.


Quien te escucha hablar ha recobrado,

el tiempo en que la suerte venturosa ,

le regaló una flor llamada rosa,

y el curioso color del colorado.

no hay piedras en tu camino,

no hay olas en tu mar,

no hay vientos en tu cielo,

que te impidan el volar.

Como Prometeo, te robaste,

el fuego de los dioses,

y lo ciñes cual corona,

sin castigo, ni perdón.

Unas veces nuestra amiga,

otras nuestra perdición,

porque tienes la certeza,



dentro de tu corazón.