La otra vía es peligrosa: el poder como vector de una enfermedad mental grave, sin conciencia de

desde el punto físico, del psicológico y del social. El paciente no se da cuenta cuándo la dolencia
comenzó a enfermarle, el grado de autodestrucción al que le conduce, el aislamiento, el
envejecimiento por ansiedad, la irracionalidad con que se comporta. Comienza a danzar entre la
mitomanía , la negación, la fabulación y el delirio. Este tiende a ser paranoide, racionalmente

estructurado y con argumentación dada por el paciente que lo toma como axioma. Se va volviendo irritable.
Y al convencerse a si mismo de que "su" "verdad" es absoluta, se siente perseguido, traicionado y
amenazado. Y halla en la agresión su mejor defensa.

no mandante). Los ejemplos extremos pasan por Stalin, tal vez Chávez , aunque el cáncer se lo llevó


hospitales y no había médicos, hacía escuelas y no habia profesores. O sea, tenía mamá, pero estaba
muerta. Su evolución fue dramaticamente involucionante , y ya sabemos como terminó.
El antídoto es la humildad (antípoda de la humillación) pero que parece que no existe en cantidades
mínimamente suficientes en esta fase crepuscular de la humanidad.
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