miércoles, 12 de marzo de 2025
SONETO DE LA FIDELIDAD
De todo, a mi amor seré atento,
Antes y con tal celo, y siempre y tanto,
Que aun delante del mayor encanto,
De él, se encante más, mi pensamiento.
Quiero vivirlo en cada vano momento,
Y en su valor, he de esparcir mi canto,
Y reír mi risa y derramar mi llanto,
a su pesar o a su contentamiento.
Y así, cuando más tarde me procure
La muerte, angustia de quien vive,
Quien sabe la soledad, fin de quien ama,
Yo pueda decirme del amor que tuve,
Que no sea inmortal, puesto que es llama,
Mas que sea infinito, en cuanto dure.
Vinicius de Moraes.
Traducción ELM
jueves, 6 de marzo de 2025
DESOLACION
Hoy, miércoles 6 de marzo.
Hoy miércoles de ceniza
Me siento desolado.
Se viene una catástrofe,
Un sismo, y yo, estoy en el epicentro.
Una piedra de cuarzo
Una obsidiana precisa
Me ha tocado.
Y mi alma se ha desgarrado.
Me muero con un pecho desangrado.
De la flecha, en la diana,
Soy el centro.
Hoy, por lo menos,
Estoy muerto.
lunes, 3 de marzo de 2025
VIERNES 13
sábado, 22 de febrero de 2025
Me viene, hay días, una gana ubérrima, política,
de querer, de besar al cariño en sus dos rostros,
y me viene de lejos un querer
demostrativo, otro querer amar, de grado o fuerza,
al que me odia, al que rasga su papel, al muchachito,
a la que llora por el que lloraba,
al rey del vino, al esclavo del agua,
al que ocultóse en su ira,
al que suda, al que pasa, al que sacude su persona en mi alma.
Y quiero, por lo tanto, acomodarle
al que me habla, su trenza; sus cabellos, al soldado;
su luz, al grande; su grandeza, al chico.
Quiero planchar directamente
un pañuelo al que no puede llorar
y, cuando estoy triste o me duele la dicha,
remendar a los niños y a los genios.
Quiero ayudar al bueno a ser su poquillo de malo
y me urge estar sentado
a la diestra del zurdo, y responder al mudo,
tratando de serle útil en
lo que puedo, y también quiero muchísimo
lavarle al cojo el pie,
y ayudarle a dormir al tuerto próximo.
¡Ah querer, éste, el mío, éste, el mundial,
interhumano y parroquial, provecto!
Me viene a pelo,
desde el cimiento, desde la ingle pública,
y, viniendo de lejos, da ganas de besarle
la bufanda al cantor,
y al que sufre, besarle en su sartén,
al sordo, en su rumor craneano, impávido;
al que me da lo que olvidé en mi seno,
en su Dante, en su Chaplin, en sus hombros.
Quiero, para terminar,
cuando estoy al borde célebre de la violencia
o lleno de pecho el corazón, querría
ayudar a reír al que sonríe,
ponerle un pajarillo al malvado en plena nuca,
cuidar a los enfermos enfadándolos,
comprarle al vendedor,
ayudarle a matar al matador —cosa terrible—
y quisiera yo ser bueno conmigo
en todo.

